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El Telar y los Cantos
Antes que hubiera nombre para el viento, hubo dos: Lúminos, que soñaba, y Tenebris, que callaba. Tejía el uno; escuchaba el otro el rumor del telar.
De su danza —que no fue guerra— despiertan los Primordiales: Gaea que es tierra, Caelus que se inclina, Pyros que sopla fuego paciente. Y de ese pacto nace un mundo: Aerthos, Aliento-sobre-la-Piedra.
Es el Amanecer de los Cantos. Nacen los Elfos en la luz de las estrellas, los Enanos tallados bajo la montaña —los siete Padres-bajo-la-Piedra— y los Orcos, que no fueron tallados sino encendidos. No había maldad todavía: había sólo naturalezas, cada una fiel a sí misma.