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Personaje

Lúminos y Tenebris

Los dos hermanos primordiales —el Tejedor de Realidades y el Vacío Silente— cuya danza es el origen y el destino del Tapiz.

Lúminos y Tenebris, los hermanos primordiales que tejieron Aerthos.

Antes del tiempo existían dos entidades, hermanos y opuestos. Lúminos, el Tejedor de Realidades, soñaba; Tenebris, el Vacío Silente, callaba. Tejía el uno hilos de luz, materia, vida y emoción en un gran Tapiz cósmico; recibía el otro, en su quietud sin fondo, la sombra que cada hilo dejaba caer al pasar.

De su inevitable danza surgieron los Primordiales, manifestaciones físicas de las fuerzas del universo: la tierra, el cielo, el mar, el fuego, la vida y la muerte. Aerthos mismo nació del cuerpo durmiente de Gaea, la Primordial de la Tierra, fertilizado por las lágrimas de Caelus, Primordial del Cielo, y calentado por el aliento de Pyros, Primordial del Fuego. Toda la realidad es, así, la obra de Lúminos; toda sombra en ella, la presencia de su hermano.


El Tapiz de Lúminos no es metáfora ociosa sino la estructura misma de lo real, y quien sabe leerlo lee el porvenir. Por eso los Tejedores Temporales de los Syl'theri se asomaban al Tapiz desde el Sanctum de los Hilos, y por eso su mayor crimen fue fisurarlo: La Ruptura no fue un daño a una ciudad, sino una herida en la urdimbre de la creación, una herida que aún sangra eones después.

Tenebris no es un demonio ni un señor de ejércitos; es la atracción impersonal del silencio, el reverso necesario de cada hebra tejida. Esa quietud se vuelve amenaza sólo cuando una astilla del Vacío Silente la encarna con voluntad propia: Tza'Rhaun se infiltró en el mundo con nombre propio y voluntad de deshacer el Tapiz desde dentro, devolviendo la creación a la quietud de la que Tenebris es la imagen.

De ahí que las grandes calamidades de la Edad del Ocaso no sean sucesos sueltos sino tirones de los mismos hilos deshilachados. La luz y la sombra no son el bien y el mal: son el derecho y el revés de una sola tela. Tejía el uno; aguardaba el otro. Y entre los dos se extiende, todavía, todo cuanto existe.