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Región · Forja

Grimstone — la profundidad del hierro

El reino enano forjado en la roca, guardián del Yunque de las Almas y la última institución que aún recuerda qué se defiende.

Grimstone, fortaleza de piedra al borde del Ocaso.

Hijos de la roca misma, forjados —según su tradición— en las entrañas de las montañas por los dioses de la tierra y el fuego, los enanos de Grimstone excavaron vastas ciudades subterráneas que son maravillas de ingeniería y artesanía. Grimstone no fue la primera de sus fortalezas: fue una secundaria que se volvió capital cuando la más antigua y grandiosa, Khaz'A'Gor, cayó ante las hordas de Tza'Rhaun durante la Guerra de la Traición. Aquella caída es la herida más profunda en el alma enana, y el sueño de reconquistar el viejo hogar —hoy las Cavernas de los Lamentos, infestadas de trasgos y horrores peores— nunca se ha apagado.

Su cultura se cimenta en el honor, la lealtad al clan y al rey, y una dedicación inquebrantable a la artesanía: son maestros herreros, joyeros y constructores, capaces de obras tan duraderas como las montañas, narradores de sagas épicas y bebedores empedernidos. Su mito habla del Primordial Gaea, que, viendo la dureza de sus hijos, les regaló el Yunque de las Almas, artefacto divino que permite forjar no sólo metal sino imbuir las creaciones con fragmentos de tenacidad y honor. Se dice que el rey bajo la montaña de Grimstone es el guardián de ese yunque, y en la Edad del Ocaso ese rey es Throrin III.


Pero el honor de Grimstone se desangra por tres frentes a la vez. Del Clan Furiagris surgió Kaelen, enano renegado que descendió a Khaz'A'Gor en busca de la magia rúnica prohibida y volvió transformado en algo geológico, profeta de los Guardianes de la Piedra; para el rey bajo la montaña y los clanes leales no es un rey sino una abominación, una perversión viviente de todo lo que define a un enano, y lo que enfrenta a ambos es una brutal guerra civil entre el honor y la ambición despiadada.

Mientras la montaña arde por dentro, las hordas de Grommash Grito Infernal descienden de la Espina Negra en una guerra de aniquilación, y desde las profundidades los Gusanos de Roca, despertados por las excavaciones cada vez más hondas, devoran las vetas de mithril y oro y son convertidos por los Guardianes en arietes vivientes contra las propias murallas que un día protegieron.

Throrin III ha reinado más de sesenta años y conoce la aritmética terrible del asedio: cuándo reforzar un contrafuerte, qué sector evacuar antes del amanecer, qué campamentos están perdidos y qué compuertas no pueden perderse. Bajo su mando Grimstone resiste no como una fortaleza que vence sino como una institución que ha sobrevivido demasiado para aceptar que este sea el final. Firme fue siempre la roca de Grimstone. También fue, al cabo, una roca que aprendió a sangrar.