La Espina Negra — la montaña que sangra
Las montañas volcánicas de los orcos, prisión de Tza'Rhaun y campo de la guerra civil espiritual de un pueblo corrompido.

La Espina Negra es una cordillera de cumbres frías y nieves, surcada por ríos de lava y fumarolas, sacudida por tormentas frecuentes y violentas. Es tierra de las Tribus de la Espina Negra, un pueblo de orcos y semi-orcos que la habitan desde tiempos inmemoriales, guerreros natos para quienes la caza, el saqueo y la guerra son parte de la vida, y que practican —o practicaban— el chamanismo, venerando a los espíritus animales y a los elementos volátiles de la montaña.
No siempre fueron lo que son. En sus sagas orales recuerdan fragmentos de un pasado anterior a la corrupción, cuando se llamaban a sí mismos los Hijos de la Llama Primigenia: orgullosos chamanes que mantenían el equilibrio de los volcanes. Fue Tza'Rhaun quien, infiltrado en el mundo tras La Ruptura, corrompió su naturaleza y transformó su orgullo tribal en sed de sangre y su chamanismo en magia oscura, uniéndolos bajo el estandarte de la Espina Negra. No todas las tribus cedieron; algunas, aisladas, resisten la corrupción y son perseguidas por las más belicosas, de modo que el pueblo entero está fracturado por una guerra civil espiritual.
El corazón de la Espina Negra guarda el peor de sus secretos: en lo profundo de uno de sus volcanes fue aprisionado Tza'Rhaun al término de la Guerra de la Traición, y aquella prisión se debilita. La tierra misma, contaminada por su presencia, se vuelve cada vez más volátil; monstruos de lava y ceniza emergen del volcán y atacan a todo por igual. Profecías recuerdan que un gran guerrero, el Krag'gor, el Unificador, nacerá bajo una luna de sangre para liberar a los orcos de su maldición.
El caudillo Grommash Grito Infernal, producto final de la corrupción, ha tomado para sí esa promesa al revés: une a las tribus más violentas, purga a los chamanes que llama débiles y cree sinceramente que la conquista total es la única forma de honor que le queda a su raza. No es un simple monstruo, sino un antagonista trágico que guía a su pueblo por el único camino que conoce: el de la destrucción.
Frente a él se levanta Thrak'nar, joven chamán de la tribu Colmillo de Hueso, discípulo del anciano Ghor'mash —ejecutado por orden de Grommash por predicar la debilidad—. Thrak'nar no domina los elementos: los escucha. Su misión no es vencer una batalla sino sanar el alma enferma de su raza, demostrar que la verdadera gloria de los orcos no está en la furia sino en la comunión perdida con los espíritus del fuego y la tierra. Brava fue siempre la Espina Negra. Bajo su bravura, sin embargo, dormía una llama que recordaba haber sido sagrada.