Eldoria — los bosques cantores
El reino élfico bañado por el sol, moribundo bajo el Marchitamiento, que confunde su agonía con una prueba de fe.

Bañado por el sol y tejido entre las ramas y raíces de árboles colosales se alza Eldoria, reino de los Altos Elfos, que se cuentan entre las primeras de las razas mortales en pisar Aerthos, encendidos en la luz estelar sobre Gaea y ligados a la esencia de los árboles primigenios. Su clima es templado y sus bosques siempreverdes, regados por ríos cristalinos; su cultura es una de gracia innata, longevidad inmensa y reverencia por la belleza, gobernada por un Consejo de Ancianos y guardada por maestros arqueros y por magos de la ilusión y la curación.
Su leyenda más sagrada es la de Lyra e Ilúvion, los dos primeros elfos, nacidos de una lágrima de Lúminos caída sobre un Loto de Plata, de cuyo amor surgió toda la raza. Creen que cuando un elfo muere su espíritu se vuelve estrella, uniéndose al Coro Celestial que guía a su pueblo. Tras la Guerra de la Traición los elfos se dividieron: los Altos Elfos de Eldoria se aferraron a la luz y a la tradición y se volvieron aislacionistas; los Elfos de los Bosques, más salvajes, viven en sus límites como primeros defensores; y los Aethel-Dûr, los Elfos Oscuros engañados por Tza'Rhaun, conspiran desde sus ciudades subterráneas del norte lejano buscando venganza.
Sobre Eldoria pesa el Marchitamiento, una lenta fiebre mágica que drena la vida de sus bosques ancestrales. Los ancianos lo tratan como una plaga a curar con sus propios ritos, sin saber —o sin querer saber— que no es una plaga sino un síntoma: el debilitamiento del sello que aprisiona a Tza'Rhaun, la expansión sin mente del dolor del Ego Colectivo nacido en los Bosques Susurrantes. Sus rituales de sanación se han vuelto inútiles y vacíos, repetidos como un dogma que ya no responde.
La trágica expedición del archivero Laeron a los Bosques Susurrantes, que reveló la verdadera naturaleza de la plaga, fue desestimada como el delirio de un loco; el horrible destino del escultor Valerion, cuya búsqueda de la belleza perfecta sólo forjó una lente para la agonía cósmica, se cuenta como fábula moral contra la desviación de la tradición. El aislamiento, pilar central de su civilización, se revela así como sentencia de muerte. Mientras tanto, las incursiones de los Elfos Oscuros se hacen más audaces, buscando artefactos perdidos para acelerar el regreso de su oscuro maestro.
De este clima de negación educada surge la voz de Lyraelle, erudita que lee la historia como dato y no como dogma, y que concluye que el crecimiento del mal no es aleatorio sino que se acelera en pulsos, como si algo agitara la herida. Espléndido fue el reino de los soles gemelos. Ciego fue también, y su ceguera fue voluntaria.