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Región · Desierto

Crkds — los desiertos blancos

Los desiertos donde se hundió el Imperio Solar de los Syl'theri y donde la Lente Solar volvió a desenterrarse.

Crkds, los desiertos blancos sobre el Imperio Solar enterrado.

En la Edad de la Forja, allí donde hoy se extienden las áridas arenas de Crkds, no había desierto: había una sinfonía. El Imperio Solar de los Syl'theri se alzaba en el corazón de aquellas tierras, y su capital, Aethel-Gleam, no era piedra y argamasa sino cristal viviente y luz canalizada, torres de cuarzo translúcido arqueadas hacia un cielo perpetuamente despejado, venas de oro líquido pulsando bajo calles de obsidiana pulida. Aquel pueblo de piel oscura como la roca volcánica dominó la magia arcana y, más peligrosamente, la temporal, y cuando fisuró el Tapiz de Lúminos en el cataclismo que el resto del mundo llamaría La Ruptura, su imperio se desvaneció en un instante y sus ciudades quedaron sepultadas bajo la arena.

Lo que el viajero halla hoy en Crkds no son herederos de los Syl'theri, sino una mezcla de exiliados, supervivientes y tribus humanas que aprendieron a vivir sobre una tumba. Sus días son abrasadores y sus noches gélidas; la escasez de agua es la mayor de sus amenazas y las tormentas de arena pueden ser mortales. Se mueven entre oasis escasos, expertos rastreadores de rutas secretas y de peligros que no se nombran en voz alta cerca de las ruinas.

Los nómadas dicen que el desierto es el cuerpo de una diosa durmiente, Al'hamra, y que los oasis son sus lágrimas de pena por la pérdida del Imperio Solar. Cuentan historias de los Djinn, seres elementales de humo y fuego que guardan los secretos de los antiguos en ciudades de cristal ocultas tras espejismos. La verdad, para quien sabe escuchar las arenas, es menos poética y más pesada: bajo el polvo de Crkds duerme una carga que no tiene nombre en ninguna lengua viva, y el viento que cruza las dunas es, en boca de la Guardiana del Sueño, el aliento de un dios durmiente.


El equilibrio milenario de los clanes se quebró el día en que una Lente Solar intacta apareció en unas ruinas recién descubiertas. Quien controlara aquel artefacto podría devolver la fertilidad a una parte del desierto y fundar un reino, rompiendo para siempre la vida nómada. Estalló la guerra entre clanes, y el poder de la Lente llamó la atención de agentes de Eldoria y de Grimstone, y de los magos del incipiente Imperio Humano de Aethelria, todos deseosos de reclamar la tecnología arcana de los Constructores.

Pues Crkds no es sólo una tierra: es la primera de las heridas. Bajo sus arenas descansa lo que los Syl'theri ocultaron al precio de su civilización entera, y cada llave que se gira sobre aquel suelo —cada activación de una reliquia— irrita la herida de La Ruptura y hace que la infección del mundo se extienda más rápido. Áspero fue siempre aquel desierto. Sagrado fue también, y nadie que lo cruce con codicia comprende del todo qué es lo que viene a despertar.